
Agustín Tosco desde la conciencia de clase a la resistencia con honestidad y formación política
A 51 años de su muerte, la vida del Gringo Tosco sigue siendo una referencia ineludible de la historia del movimiento obrero argentino. Dirigente de Luz y Fuerza de Córdoba, protagonista del Cordobazo y enemigo declarado de las dictaduras y de la explotación patronal, hizo de la honestidad, la solidaridad y la lucha colectiva una forma de vida.
Nació el 22 de mayo de 1930 en Coronel Moldes, al sur de Córdoba, en una familia campesina. Desde muy joven conoció el trabajo y las dificultades de la vida de los sectores populares. Después de terminar la escuela primaria se trasladó a la ciudad para estudiar en una escuela de artes y oficios. Allí comenzó a profundizar sus lecturas, a debatir sobre la realidad social y a construir una conciencia que marcaría para siempre su trayectoria.
A los 18 años ingresó a trabajar en la Empresa Provincial de Energía de Córdoba (EPEC), como ayudante electricista. Su compromiso con los trabajadores se manifestó tempranamente y fue elegido subdelegado y, un año después, delegado sindical con 20 años. No concebía la actividad gremial como una carrera personal ni como un espacio de privilegios, sino como una herramienta para organizar a los trabajadores y defender sus derechos.
Con su inseparable mameluco azul, Tosco construyó un liderazgo basado en la coherencia entre las ideas y las acciones. Su enfrentamiento con las patronales no era solamente una disputa por salarios o condiciones laborales sino que expresaba una concepción del sindicalismo que cuestionaba las relaciones de explotación, defendía la autonomía de las organizaciones obreras y reivindicaba la participación democrática de los trabajadores en las decisiones que afectaban sus vidas.
Desde el Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba impulsó una práctica gremial sustentada en la asamblea, la deliberación colectiva y la movilización. Su compromiso excedía los límites de su actividad sectorial. Entendía que las reivindicaciones de cada gremio formaban parte de una lucha más amplia por una sociedad con justicia social, igualdad y protagonismo popular.
El Cordobazo en el corazón de la resistencia a la dictadura
Su nombre quedó definitivamente ligado al Cordobazo de 1969, una de las mayores rebeliones populares de la historia argentina. En mayo de ese año, trabajadores y estudiantes salieron a las calles para enfrentar la dictadura de Juan Carlos Onganía, sus políticas represivas y un modelo económico que descargaba el ajuste sobre las mayorías populares.
Tosco fue uno de los principales referentes de aquella jornada histórica. Bregó por la unidad entre el movimiento obrero y el movimiento estudiantil, la organización desde los lugares de trabajo y la capacidad de movilización popular demostraron que la dictadura no podía imponer sus políticas sin encontrar resistencia.
Su enfrentamiento con los gobiernos autoritarios tuvo un costo personal. Fue detenido y encarcelado en distintas oportunidades por su actividad sindical y política. Incluso después del Cordobazo, cuando la represión buscó desarticular las organizaciones obreras y silenciar a sus dirigentes, mantuvo sus convicciones y su compromiso con la lucha colectiva.
En 1972, mientras se encontraba detenido en el penal de Rawson, fue testigo de la conmoción provocada por la Masacre de Trelew. Desde su encierro, según recuerdan los testimonios recogidos sobre aquellos días, convocó a sus compañeros a romper el silencio y pronunciar los nombres de los militantes asesinados. Su voz los alentó a transformar el dolor en memoria colectiva.
Para Tosco, resistir no significaba solamente enfrentar a quienes ejercían el poder. También implicaba sostener la solidaridad entre compañeros, defender la dignidad de los trabajadores y no permitir que el miedo se convirtiera en una herramienta de disciplinamiento.
Una vida atravesada por la persecución
Tras el regreso del peronismo al gobierno y la muerte de Juan Domingo Perón, el escenario político se volvió cada vez más violento. La persecución paraestatal de la Triple A, las amenazas y los asesinatos contra militantes populares fueron configurando un clima de creciente terror.
Tosco volvió a ser un objetivo. Fue amenazado de muerte, perseguido por las fuerzas represivas y obligado a vivir en la clandestinidad. Tuvo que continuar trabajando para construir una salida democrática que impidiera el avance de los sectores golpistas.
En 1975 impulsó contactos con dirigentes de distintas corrientes políticas para conformar un frente democrático capaz de frenar el golpe militar que se avecinaba. La iniciativa no logró concretarse. Su salud, deteriorada por las condiciones de clandestinidad, la mala alimentación y la imposibilidad de recibir atención médica adecuada, empeoró rápidamente.
Murió el 5 de noviembre de 1975, en Buenos Aires, después de una enfermedad que, en condiciones normales, podría haber sido tratada. Tenía apenas 45 años. Su muerte llegó pocos meses antes del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, que instauraría una de las dictaduras más sangrientas de nuestra historia.
El legado de un dirigente que nunca traicionó a su clase
En una entrevista, cuando le preguntaron cómo le gustaría morir y cómo no, Tosco respondió “Lo importante es morir con los ideales de uno. Ahora, no me gustaría morir habiendo traicionado a mi clase”. No fue una frase circunstancial. Fue la expresión de una conducta sostenida durante toda su vida.
Tosco entendía que la organización sindical debía ser independiente, democrática y profundamente comprometida con los intereses de la clase trabajadora. Rechazaba los privilegios y sostenía que la verdadera autoridad de un representante gremial nacía de su vínculo con los trabajadores, de su honestidad y de su capacidad para compartir las luchas y los sacrificios.
Fue el dirigente más representativo del sindicalismo combativo. Su figura trascendió el ámbito gremial y se fundió con la lucha política, aun hoy es una referencia inequívoca de dignidad y compromiso con su clase. A 51 años de su muerte, su historia interpela al movimiento obrero y a quienes continúan defendiendo los derechos laborales, las organizaciones sindicales y la democracia.
En tiempos en que los ataques a los trabajadores parecen enormes donde se desconoce a la organización colectiva, a las conquistas históricas y se presenta a los derechos como obstáculos, recuperar el pensamiento de Agustín Tosco significa recordar que ninguna conquista fue una concesión gratuita: todas fueron resultado de la organización y la lucha.
El Gringo sigue presente en cada trabajador que se organiza, en cada asamblea que decide colectivamente y en cada lucha que se niega a aceptar la injusticia como destino.











