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PAMI: de cuidar a quienes cuidan en la primera línea se trata

Nuestros precarios sistemas de Salud, se sostienen en esta crisis con más voluntarismo y valentía de sus trabajadores y trabajadoras que con recursos y capacidad real de respuesta.



Sin inversiones significativas en las últimas décadas, ya sea en infraestructura o personal, y muchos menos en formación o equipamientos, resulta imprescindible escuchar la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en estos días: los países deberían invertir el 6% de su Producto Bruto Interno (PBI) para sostener una respuesta adecuada frente a la Pandemia. 

En cambio, los países de nuestra Región sólo han invertido el 2,2% de su PBI en sus precarios sistemas de salud. Está claro que no alcanzará la actitud comprometida de los y las trabajadoras de la salud para resolver esta cuestión.

Además, mientras el mundo se preparaba para enfrentar al Covid-19, nuestra región venía luchando contra una epidemia feroz: el Dengue, que en 2019 se convirtió en la más grave de los últimos años. Así lo informó en febrero 2020 la Organización Panamericana para la Salud (OPS), alertando que sólo el año pasado se registró el mayor número de casos en el continente: 3.139.335 personas infectadas y 1538 defunciones.

En las primeras cuatro semanas del 2020, mientras en China combatían el coronavirus, América Latina y el Caribe notificaron 125.514 casos de dengue, de los cuales 498 fueron clasificados como dengue grave.

Es por eso que decimos que este nuevo embate sanitario pone toda la estructura de salud de nuestro castigado continente en condiciones de colapso. Y, sin duda, las principales víctimas de ese colapso serán los y las trabajadoras de la Salud.

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 Según los últimos informes de la OMS, entre el 10 y el 13% de los infectados de Covid-19 son miembros del sistema sanitario. Y esto sucede principalmente por la falta de elementos de protección personal para atender a los enfermos. 

Son las y los trabajadores del Estado, en todos los países del mundo, los que enfrentan esta crisis en la primera línea de acción: en la atención sanitaria pero también en todos los trabajos esenciales.

 Es necesario cuidar a quienes nos cuidan proveer de todos los insumos necesarios (elementos de protección personal) a las/os trabajadoras/es de la salud y a la totalidad de trabajadoras y trabajadores públicos y privados que están al servicio de nuestros pueblos enfrentando a esta crisis en la primera línea.

Además, como lo ha expresado recientemente la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se deberán adoptar disposiciones apropiadas con respecto al horario de trabajo, para que los trabajadores y trabajadoras de salud puedan equilibrar las exigencias del Servicio sanitario con sus responsabilidades domésticas de cuidados y su propio bienestar, es decir descansos suficientes.


Además, las directrices más actualizadas, las medidas para prevenir el contagio y la forma de aplicarlas deben ser difundidas de manera prioritaria en el ámbito sanitario, entre sus trabajadores y trabajadoras. Y para ello es necesario fortalecer el diálogo entre el personal sanitario y los empleadores, para que las medidas y los procedimientos se apliquen correctamente.

 Fomentar el diálogo y la participación de todos los sectores, impulsar la creación de Comités Mixtos de Crisis en los servicios de salud en todos sus niveles, para garantizar el cuidado y protección de los y las trabajadoras del sistema y de la población usuaria.


Es fundamental activar o reforzar todos los mecanismos de diálogo social tripartito, bipartito, así como otros instrumentos de diálogo social amplio, a fin de garantizar que la definición y el establecimiento de medidas en el marco de la Pandemia, sean tomadas con la participación de los sindicatos y organizaciones sociales con el objetivo de proteger los derechos básicos, de vida, trabajo y salud de la clase trabajadora en su diversidad.

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Condiciones de trabajo adecuadas, salario y derechos laborales 

Los sectores productivos y los Estados deben garantizar la estabilidad del empleo y del salario para todos los trabajadores y trabajadoras. En tal sentido se debe asistir aplicando políticas públicas existentes o con la creación de nuevos mecanismos que garanticen la estabilidad laboral y la renta, ya sea en condiciones de formalidad o de informalidad.

Asimismo, se debe prohibir la suspensión o terminación de contratos de prestación de servicios temporales durante el tiempo que dure la emergencia sanitaria para todas las entidades públicas nacionales o territoriales, centralizadas o descentralizadas de servicios, así como del ámbito privado en todas sus modalidades, bajo el argumento de quiebra, baja productividad, pérdida de ganancias, entre otros.

 Es esencial proteger la salud mental de las y los trabajadores en primera línea, ya que los mismos se exponen a altos niveles de estrés.  Protección de los mayores y las mujeres trabajadoras. Debemos proteger a todos aquellos trabajadores y trabajadoras que, por integrar grupos de riesgo, han accedido a una licencia médica en el marco de la emergencia; así como a todos aquellos que se encontraban de licencia médica, de maternidad, de vacaciones, previos a la crisis.

Por otra parte, las mujeres constituyen más del 70% del mundo laboral sanitario de todo el mundo. Y hoy, a raíz de la pandemia, deben hacer frente a un doble reto: turnos laborales más largos y más trabajo en el hogar. El brote del virus ha arrojado luz sobre esta arraigada desigualdad de género. También ha puesto de manifiesto y exacerbado una crisis global en materia de servicios de prestación de cuidados. Es una buena oportunidad para priorizar las inversiones en los sectores sanitario y de prestación de cuidados.

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Como seres humanos y como militantes, tenemos una prioridad: defender la vida. Y vamos a hacer todos los esfuerzos para enfrentar esta Pandemia. Pero también sabemos que esta nos puede llevar a más pobreza y más desigualdad. Por eso necesitamos preparar nuestras organizaciones, elaborar nuestras propuestas, poner nuestro mejor esfuerzo en pensar una salida diferente.

Los y las estatales, al igual que nuestros pueblos, estamos convencidos de que será revalorizando el rol del Estado, y dando una disputa sobre los términos en que se debe dar ese nuevo valor, podremos ser capaces de afrontar la Pandemia primero, para luego encarar un proceso de recuperación con mayor igualdad y justicia social.

Como trabajadores y trabajadoras, nuestros modelos de organización siempre adoptaron la mejor forma para enfrentar la explotación de la fuerza de trabajo en cada época histórica. En esta oportunidad no será distinto. Aceptamos los desafíos que nos propone esta Pandemia. Y nos hacemos fuertes para pensar en un futuro distinto para nuestros pueblos.

Cuidemos a los que nos cuidan.
Trabajo con derechos, la única estrategia de salud pública.
Te salva el Estado, no los mercados. 

*Por Sandra Silvetti, Trabajadora del Policlínico PAMI Rosario y Secretaria Administrativa de ATE Rosario


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