
El Centro Cultural La Toma cumple 25 años defendiendo el trabajo y construyendo un espacio popular
Convertido en Centro Cultural y Cooperativa de Trabajo La Toma, es el referente indiscutido de la lucha obrera y la economía solidaria, que desde hace 25 años aloja ferias populares, un supermercado, comedores, talleres y diversas organizaciones sociales. El próximo viernes 25 de setiembre, a las 18 horas, sus trabajadorxs junto con organizaciones sociales, políticas, gremiales y estudiantiles realizarás un acto en Centro Cultural, Tucumán 1349, en conmemoración de esta lucha histórica y ante nuevas ofensivas patronales y judiciales.
Una empresa vaciada y cerrada, trabajadores en la calle y la asamblea que a pesar de la represión y la persecución judicial llevó adelante las decisiones colectivas, dieron lugar a una de las experiencias de resistencia y de lucha más prolongadas del país.
En julio de 2001, uno de los momentos más críticos de la historia reciente del país, los trabajadores y trabajadoras del Supermercado Tigre llegaron a su lugar de trabajo y encontraron un candado cerrando sus puertas. La empresa había decidido desvincular a todo el personal. En una región atravesada por el desempleo y la precarización, aquella escena era parte de una realidad que se repetía en decenas de otros lugares de la misma manera.
Pero esta vez la respuesta sería distinta. La asamblea de trabajadores decidió ocupar el edificio de la casa central del Supermercado, en Tucumán 1349, para reclamar por la continuidad de los puestos de trabajo. Así comenzó una experiencia de lucha que, un cuarto de siglo después, excede ampliamente aquel reclamo inicial.
La historia del edificio ya estaba marcada por las luchas obreras. En 1991, cuando los supermercados Supercoop entraron en concurso de acreedores, sus trabajadores habían sostenido una ocupación durante varios meses. La lucha consiguió que la empresa que posteriormente adquirió los establecimientos, Supermercados Tigre, incorporara a los trabajadores, reconociera sus antigüedades y pagara las deudas salariales.
La ocupación de 2001 abrió entonces un nuevo capítulo. Lo que comenzó como una pelea por los puestos de trabajo y se transformó en una larga resistencia frente a los intentos de desalojo. Hubo movilización sindical y popular, leyes provinciales que establecieron la expropiación temporal y también decisiones judiciales que dejaron nuevamente planteada la amenaza sobre el edificio.
En 2002, los trabajadores conformaron una cooperativa y pusieron en funcionamiento parte del inmueble. Allí comenzaron a funcionar un almacén, un bar, un comedor popular y un centro cultural. Con el paso del tiempo, el edificio fue abriendo sus puertas a organizaciones sindicales, sociales, estudiantiles, culturales y de derechos humanos. Desde ATE Rosario se apoyó siempre a la organización de trabajadores y trabajadoras. Las asambleas resolvieron compartir el espacio como una forma de resistencia y también como devolución de la solidaridad recibida durante la lucha.
Y así nació lo que hoy se conoce como La Toma.
El nombre surgió de la propia gente que comenzó a participar de las actividades. “Vamos al centro cultural de la toma del supermercado”, se decía. Aquella denominación terminó convirtiéndose en el nombre del espacio: Centro Cultural de La Toma. En paralelo, la cooperativa de los trabajadores adoptó el nombre de Cooperativa de Trabajadores Solidarios en Lucha.
La experiencia también fue adquiriendo una definición propia. Sus protagonistas no se consideran una empresa recuperada. Prefieren hablar de una “empresa conquistada” por el movimiento obrero y popular: un espacio donde la búsqueda de trabajo e ingresos convive con la solidaridad y con el acompañamiento de otras luchas.
Durante estos 25 años, esa concepción se expresó en la presencia permanente de numerosas organizaciones. Trabajadores y sindicatos, organismos de Derechos Humanos, movimientos sociales, estudiantes, organizaciones de la economía social y popular, asambleas feministas y expresiones de las diversidades encontraron allí un lugar para reunirse, trabajar y desarrollar sus actividades. La Toma se convirtió así en un espacio colectivo construido alrededor de la solidaridad.
También se multiplicaron las iniciativas vinculadas a políticas públicas. En el edificio funcionan o funcionaron espacios impulsados por los Estados municipal, provincial y nacional, además de iniciativas de la Universidad Nacional de Rosario, como una galería de arte y los comedores universitarios.
Pero la reivindicación original no desapareció. La defensa del trabajo continúa siendo el punto de partida de una experiencia que hizo de la organización y la solidaridad sus principales herramientas. Pero el edificio tampoco es ya solamente aquel supermercado que sus trabajadores ocuparon para evitar perder sus empleos.
Es un espacio construido durante un cuarto de siglo de resistencia.
Hoy, quienes sostuvieron aquella ocupación afirman que el edificio ya no les pertenece exclusivamente: es parte del conjunto del pueblo trabajador que resiste cualquier mal tiempo. Justamente en estos momentos de despidos masivos y recortes a jubilados, y nuevas ofensivas patronales y judiciales, para los trabajadores y trabajadoras, lo vuelven a confirmar. Y esa quizás sea la transformación más profunda: una lucha que comenzó para defender puestos de trabajo terminó construyendo un espacio colectivo para seguir luchando y multiplicarse.
Equipo de Comunicación de ATE Rosario










