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"Plantear la baja es inmoral y antiético"

El espacio No a la Baja de Rosario, del que la Seccional local de ATE es parte, participó ayer de una charla debate en la facultad de Humanidades y Artes. Organizado por la Escuela de Ciencias de la Educación, incluyó en el panel a Gustavo Brufman, referente de ese colectivo y Secretario Gremial de la CTA-A de la ciudad. “Plantear la baja es inmoral, es antiético, es estar fuera de la historia, por encima y lejos, muy lejos de la niñez, la que aunque se lo nieguen, hace rato dejó de ser menor”, puntualizó.



La Facultad de Humanidades y Artes de la UNR fue ayer sede de una charla debate titulada “Baja de edad de imputabilidad: vulneración social y políticas públicas”. La actividad, organizada por la Escuela de Ciencias de la Educación, contó con la participación del espacio No a la Baja de Rosario, en la figura del docente Gustavo Brufman, también Secretario Gremial de la CTA-A local.

El colectivo que pretende frenar la intención del gobierno nacional de reformar la legislación penal juvenil y llevar la edad de punibilidad a los 14 años, estuvo representado por integrantes de varias de las organizaciones que lo componen. Por ATE Rosario, dijeron presente las trabajadoras de la Dirección Provincial de Justicia Penal Juvenil, Paola Piccoli y María Eugenia Márquez.

En el cierre de su intervención en el panel, Brufman leyó un escrito al que definió como “un viejo material de las Marchas de los Chicos del Pueblo, que fue especialmente reelaborado para esta oportunidad”. A continuación, el texto completo.

Cuando a la tarde baja temprano el sol del invierno, vuelve la tristeza mal abrigada a invadir de viento los ranchos y las casas llovidas de chapa agujereada con olor a miseria. Se amontonan los críos acurrucándose entre montones de ropas, de tazones calientes hinchados de pan, y alguna madraza que a teta pelada alimenta el último pichón, imparte a los gritos el orden que parece no llegar nunca mientras su hombre anda cirujeando la vida.

Y andan los pibes inventando monedas. Tratando de no pensar para aliviar los dolores del alma y lamerse las heridas en alguna esquina. Son esos grandes en cuerpitos chiquitos, con mucha más calle que ilusiones. Embolsando palomas de las que alguna irá a parar al sartén. Con sueños de barriletes que nunca alzan vuelo y cola de trapo que enrieda los cables de algún enganchado al últimó vagón de esta civilización hiriente. E intentando escapar del gatillo tan fácil, como la misma palabra descalificadora que habla por boca del que nunca supo lo que es nacer y crecer fuera de todo.

Y no hay plan familia ni plan jefes ni caja ni Plan Maestro ni nada que repare tanta infancia perdida. Tanta adultez tan chiquita, tanto envejecimiento temprano y adolescente. Sólo murgas, y una pelota que gire entre los pozos, un carro, una bici destartalada y los talleres de cuanto invento nazca del corazón militante. Sólo la ternura y la pelea, la pedagogía del encuentro, las historias de vida que le devuelvan dignidad al descubrir que para alguien, al menos para alguien, aunque más no sea un día, estos pibes olvidados que cuando crecen los hacen peligrosos, son importantes.

Por eso estamos refundando la educación y la política. Porque arrebatarles pibes al sistema, a la muerte traficante, al hambre que denigra y criminaliza la pobreza, es crear un nuevo territorio para sabernos parte de un mismo río. Es recuperar la historia del abuelo indio, del inmigrante, del criollo que hundieron sus manos en esta tierra. Es pelear por Carlos Gauna, por Franco Casco, por Jonatan Herrera, por las chicas apaleadas, por las pibas del Ni Una Menos... por Pocho, por tantos y tantas.

Y reaprendernos descolonizando pensamientos cristalizados en las frases de la ignorancia. Redescubriendo miradas y sonrisas de los pibes y las pibas de nuestros barrios, que vienen de historias lejanas, intentando levantar la cabeza bajo una gorra, balbuceando un nuevo tiempo de impaciente esperanza por salir del infierno. Allí, donde vivimos o morimos de a poco los rehenes del sistema, los trabajadores sin empleo, los empleados abaratados, los abaratados desprotegidos, los pibes excluidos, los que andan por las esquinas de la ciudad, sobreviviendo a cualquier precio. Bancando hermanitos, sosteniendo amores abusados, vulnerados, destruidos, denigrados. Inventando un rock barrial para recostarse en las noches cobijados en un abrazo imaginario, con el corazón y el cuerpo en convulsión, por un síntoma de alegría que nunca les terminarán de expropiar. Porque la imaginación siempre puede más, y hasta en medio del dolor, los salva.

Porque es desde ese último rincón que los pibes en las calles reinventan presentes de lucha. Buscan su paraíso degradado escapando de la violencia institucional que pone a sus gendarmes para protegerse de sus propias consecuencias. Y así se van resintiendo, endureciendo, juntando el peso a cualquier costo, sin registro de vida o de muerte, cargando miedos y angustias, sin noción de tiempo ni horario.

Desde 1990 la Declaración Universal de los Derechos del Niño tiene rango constitucional en nuestro país. ¿Sabrá el presidente y sus secuaces, sabrán los diputados y senadores, sabrán los candidatos, que no respetar los chicos, NUESTROS pibes como sujetos de derechos es anticonstitucional?

Sujetos, no sólo en el sentido de un ser humano acreedor de derechos conferidos por ley. Sino protagonistas, hacedores, chiquitos, pibes, adolescentes y jóvenes creadores de un presente que resiste y se proyecta, que inventa futuros posibles fundados en la transgresión a todo mecanismo de control social, a toda forma que criminalise y margine, que los condene doblemente, a ser pobres de toda riqueza, y a ser ocultados, guardados y negados por ser pobres de toda pobreza.

Plantear la baja es inmoral, es antiético, es estar fuera de la historia, por encima y lejos, muy lejos de la niñez, la que aunque se lo nieguen, hace rato dejó de ser menor. Porque no acepta patronatos ni patrones del ser y del hacer. Que a fuerza de calle, amor y también espanto, conquistó su derecho a ser infancia, dando vuelta la media, poniendo en el centro los márgenes a los que fueron expulsados para condenarlos a los territorios del hambre y la desolación. Los que no nacieron violentos, sino que fueron violentados. Y la hipocresía del poder, con su sentido propio y nada ”común” intencionalmente extendido para hacerlo obvio, ahora les reprocha y los condena porque no registran que allí donde todo es violencia, nada es violencia. Porque no hay registro de límite transgredido. Y sus estrategias de supervivencia son a costa del sufrimiento ajeno.

Pero cuando hay mano firme y sostenida. Fraterna, receptora, compañera, bancadora, abrazos que nunca conocieron, y esfuerzo de pensamiento desde sus propias historias, se hiere de muerte a la pedagogía de la crueldad. Y se funda un nuevo territorio para la pedagogía de la ternura compañera como categoría política, contra la política colonialista del espanto.

En eso estamos, como educadores, por eso peleamos, por eso no dudamos en ir contracorriente, en invitar a pensar y en reafirmar, que aunque vuelvan una y otra vez, resistimos, porque sobran los motivos, nos sobrepondremos a los miedos para mirarnos en los ojos de nuestros pibes condenados, e invitarlos a decir juntos: NO A LA BAJA!

 

* Equipo de Comunicación ATE Rosario


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