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¿Vos me preguntás como fue como padre? Sólo puedo explicártelo desde el lugar de ser la hija de un militante, la “hija de...”, lo cual puede simplificar la cosa. Los hijos de los militantes de “todos los días y todas las horas”, como el Viejo, podrán entender cabalmente lo que digo. Los recuerdos vienen. Me transporto a la vieja casa de Campos Salles, a mi infancia. En esa época hubiese preferido ser la hija de alguien más común. Como los padres de mis amigos que nos prendían el fuego para el asado, nos iban a buscar a los bailes...

No fue mi caso. El viejo estaba poco, y siempre parecía estar metido en asuntos trascendentes. No sé como hacía, estando poco, su figura siempre traspasaba su ausencia.

No sé si el viejo cambiaba pañales, daba mamaderas, creo que no. A pesar de sus largas ausencias, se las arreglaba para “estar siempre”. Y era una presencia fuerte, pocas cosas se le escapaban. No sé como hacía, supongo que mi vieja le “sostenía la red”, pero estaba al tanto de todo. Lo recuerdo como siempre apurado, serio, nunca distante o ajeno. Duro, implacable con algunas cosas…”no me vengan con hechos consumados”…”hay que vivir como uno habla”… son frases que tanto mi hermano como yo hemos oído hasta el hartazgo.

Viví una infancia feliz, nunca estábamos solos. Con muchos tíos y primos, que nunca eran los carnales, mucho domingo de asados, mucho sábado en casa del tío Pancho, del tío Luis, muchos viajes, muchos hacer “sebo” esperando que terminara alguna reunión. No creo que me haya quedado alguna seccional de ATE sin conocer. Muchos personajes “piolas”, muchas “conversaciones de grandes”.

Pero si me preguntas si el viejo cocinaba, pintaba la casa, iba a alguna reunión escolar, o si me iba a buscar al baile? No, no. Más no es un reproche o una imagen dolorosa. El viejo no estaba y punto. El viejo era importante. Y eso sí, lo sentí siempre.

Nunca faltó en los “momentos cruciales”, cumpleaños, fines de curso, cuando me eligieron abanderada.

Ser la “hija de”…es toda una tarea. En épocas de tu vida se te aparece como una carga, como tener que demostrar no sé qué. Y después se aprende a convivir con eso, te pasás la vida diciendo, sí, sí, soy la hija de… En la adolescencia tuvimos cruces. O mejor dicho yo me cruzaba con él. Salir significaba hacerle la “ronda” mientras él lavaba el auto, prometer horarios de salida y llegada… Traer un novio a casa era toda una epopeya… mi vieja funcionaba siempre de “filtro”, de cómplice.

Bajaba línea a propios y extraños. Era ideal para contestar los cuestionarios escolares, siempre que de historia se tratara. Me acuerdo, ahora casi graciosamente, que teníamos todos los tomos de José María Rosa y él pretendía que yo fuera a las clases de historia con ellos. Todavía veo la cara de la profesora de historia cuando yo llegué con uno bajo el brazo…

“Él que no sepa apretar los botones dentro de 20 años, se queda afuera” me lo dijo mil veces. Pocas cosas lo dejaban satisfecho, yo era más que buena alumna, pero el tipo nunca me felicitaba, era “nuestra obligación”, repetía sin cansancio.

Es un tipo con una coraza difícil de atravesar. Tal vez eso haya sido su forma de sobrevivir a tantos desafíos.

Tengo la imagen de un lector voraz, nunca sabía qué leía, pero el tipo siempre estaba leyendo. Poco cine, poco teatro. Muchos amigos, sí. Sábados a la noche de “Grandes valores del tango”. Recuerdo salir a bailar llevándome la música de algún tango rondando en mi cabeza. Siempre vivimos igual, sin abundancias pero nunca nos faltó lo indispensable. También recuerdo épocas más duras que otras, como cuando lo prescindieron. A los 15 años, sin dejar de estudiar, yo me conseguí un trabajito. Creo que eso nunca le gustó. Pero no me lo impidió. Me río al recordar que esto fue por el año ‘81, ‘82, épocas de paros, me venían a buscar para ir al laburo y él del pasillo gritaba: “Acá no se trabaja si hay paro”.

Nunca pudo separar la militancia de su vida familiar. Por eso nos hablo siempre al mejor estilo “asambleario” “Tenemos que hablar 3 temas, el primero…...”. Pero sí recuerdo andar todos juntos, como los Telerín, de acá para allá siempre. Adonde él fuera, allá íbamos nosotros. Una vez dije que muchos fuimos “hijos del silencio”, eso de zafar diciendo que tu viejo era empleado, ¿empleado de dónde? Si yo nunca lo había visto laburar en la producción a mi viejo, levantarse a las 6, ir a una fábrica. Pero había que decir eso y punto, el resto era más difícil de explicar.

Creo que nunca superó la muerte de su compañera de toda la vida. Un tipo con un altísimo sentido de la lealtad, que lo lleva a decir: “Víctor soy yo”, cuando alguien lo reclama a Víctor frente a algún despiole. Es probable que si hubiera tenido que escribir esto a los 15 años, hubiera escrito algo muy distinto. Ahora somos amigos, tengo más de 40, dos hijos, y ya me cayeron varias fichas.

Fue un buen padre, que no es poco. Creo que nunca se lo dije, creo que una vez se lo escribí. Ahora que tengo hijos puedo verlo más claramente. El Viejo fue el “nono generoso” de Franco, que dice sentirse orgulloso de su abuelo, es el “nono famoso” de Santiago, que tiene muchas cosas de él, es tan estructurado, hincha pelotas con los horarios, obsesivo con todo. El nono “chicha” de mis tres sobrinos. El padre amigo de mi hermano. Estuvo siempre donde tenía que estar. Y no es poco. Nunca renunció a su condición de “peronista”. Jamás. Como le gustaba decir: “integrante del campo nacional y popular”.

…y ahora que partiste a hacer asamblea por allá arriba, a alentar a nuestro Centralito querido, a volver a hablar con el general, a reírte con German, a abrazar a tu compañera de toda la vida, te cuento viejo querido, que hoy estuve en tu patio y tu jazmín, al que cuidaste hasta hace tan poquito, contra todas las leyes de la madre natura, tiene un pimpollo que pareciera despedirte con ese olor que tanto te gustaba. …cerrá la agenda, viejo querido, descansá. Honraremos tu memoria.

Leticia Quagliaro: "Esto lo escribí hace un tiempo. Para el libro de mi viejo. Ante la pregunta de que significaba ser su hija".